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4/6/1938: LA ÚLTIMA TRAVESÍA DE FREUD…

4/6/1938: LA ÚLTIMA TRAVESÍA DE FREUD…

4/6/1938: LA ÚLTIMA TRAVESÍA DE FREUD…

 

Lic. Psic Jorge Schneidermann

 

A poco menos de tres meses de haberse consumado la anexión de Austria (Anschluss) a Alemania por parte del Tercer Reich, un día como el de hoy, hace exactamente 80 años, Sigmund Freud se vería compelido a abandonar Viena definitivamente.

 Junto a un reducido núcleo de familiares y allegados, emprendería el cruce del Canal de la Mancha rumbo a Inglaterra, país que le acogería merced a los buenos oficios mediadores de Marie Bonaparte y Ernst Jones, entrañables amigos que supieron acompañarle y brindarle incondicional apoyo durante aquellos aciagos momentos.

Detrás quedaría una vida entera en aquella ciudad que supo ser epicentro del Imperio Austro-húngaro y que en sus momentos de esplendor se erigiera en Sancta Sanctorum de la cultura europea.

Las garras del nazismo, impiadosas e implacables, le obligaban a dejar su mítica residencia de la Berggasse 19 que fuera su hogar  durante casi medio siglo y donde habría de desarrollar su prolífica obra. Luego de padecer sucesivos allanamientos y saqueos por parte de miembros de la Gestapo, e incluso la detención de su hija Anna a los efectos de ser interrogada, solamente  restaba partir.

A los 82 años y con la decepción y el lacerante dolor de ver a sus connacionales prosternarse obsecuentemente ante los pies de las fuerzas de ocupación nazis, la supervivencia se convertiría en su principal propósito.

Alemania, la misma nación que en 1930 le otorgara el Premio Goethe en reconocimiento a sus valiosos aportes al desarrollo de la ciencia y la cultura, y que  tres años después se encargara paradójicamente de lanzar sus textos a las llamas durante aquella sombría noche del 10 de mayo de 1933, el 4 de junio de 1938 decretaría sumariamente su destierro.

No obstante, asumió con hidalguía el reto de volver a empezar una vez más, como luego de cada una de las dolorosas intervenciones quirúrgicas que le demandó el tratamiento del carcinoma que le atribuló durante los últimos 16 años de su vida.  Sí, del mismo modo que cada vez que la incomprensión y la estrechez conceptual del grueso de sus colegas procurara, hostil y persistentemente derribar infructuosamente sus ideas.

Como reza el viejo axioma, la grandeza de un hombre no ha de aquilatarse reparando meramente en las veces que ha caído sino por las veces que ha vuelto a levantarse.

Al hombre digno, al genio y al maestro, mi más sentida gratitud.

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